Eras excelente haciendo lo que te gustaba.
Pero tu empresa creció.

Y ahora te pasas el día apagando fuegos y gestionando problemas ajenos.

Cuando hablo con empresarios, siempre uso la misma historia. Me gusta llamarlo el síndrome del panadero.

Todo el mundo empieza haciendo de "panadero". Y eso es lo que realmente les gusta. O al menos, lo que les da dinero, lo que te da dinero. El problema viene cuando haces las cosas bien. Hilarante, pero muy real, ¿verdad?

Un día, dejas de ser panadero y te acabas convirtiendo en el dueño de tres panaderías. Y lo que nunca vas a volver a hacer es pan.

Y eso es jodido. Porque a ti te ha pasado exactamente lo mismo en tu sector. Llevabas un montón de años haciendo lo tuyo.

De repente, ahora ya no haces tu trabajo: ahora tienes que dirigir una empresa.

Tienes que gestionar los egos de las personas, enfrentarte a problemas/mierdas de todo tipo y lidiar con un montón de historias para las que nadie te había preparado.

A lo mejor hasta intentaste ponerle solución. Te dijeron que el problema era que no vendías lo suficiente. Contrataste a una agencia. Te presentaron Excels inmensos, planes a un año vista y palabras en inglés que no entiendes.

Gastaste dinero en campañas. Y descubriste por las malas lo que yo descubrí hace años trabajando en ese sector: los problemas de fondo de una empresa no se solucionan simplemente metiendo más dinero en marketing.

Ahora lo 'digital' se ha convertido en otro marrón más encima de tu mesa.

Soy un auténtico enfermo de las empresas. Me obsesiona diseccionarlas, analizar cómo funcionan y, sobre todo, entender por qué fallan.

Seguro que has visto alguna vez un local lleno de gente hasta la bandera y, a los tres meses, ves el letrero de 'Cerrado'.

Esa entropía corporativa es lo que me fascina. ¿Qué demonios está pasando ahí dentro para morir de éxito?

Las empresas no quiebran por falta de ideas, quiebran por otros motivos. Llevas tiempo sumando acciones y parcheando, pero la realidad es que no necesitas hacer más cosas. Necesitas orden. Alguien que pare las máquinas y te diga qué dejar de hacer hoy mismo.

Así que hay veces que no sabes ni qué hacer. Y empiezas a buscar por internet y, a saber Dios cómo, has acabado aterrizando aquí.

Pero es que es normal. A tu alrededor, en tu círculo cercano, tienes gente que no sabe de lo que le estás hablando. Gente que va a su trabajo de ocho horas y cuando sale se olvida de todo. O incluso funcionarios que viven en una realidad absolutamente paralela que no tiene nada que ver con la empresa privada.

Todo esto es una realidad. Y no pasa absolutamente nada. No has hecho nada mal. Esto le ha pasado a todas y cada una de las puñeteras empresas que han crecido un poco.

Llegados a este punto, puedes pensar:
"Ya, pero tú no conoces mi empresa, no eres de mi sector".

Tienes razón. Hoy no conozco tu empresa. Pero después de mucho tiempo y de haber visto a empresas pasar exactamente por ahí veo patrones clarísimos.

Para que esto no sea eterno. Lo que suelo hacer es quedar alguna vez con empresarios que han crecido, y me cuentan su historia. Nada más. Simplemente eso.

Con un café de 20 minutos te puedo explicar, de forma tan sencilla que lo entendería alguien de quince años, dónde veo la fuga de energía de tu negocio. Sin powerpoints aburridos. Solo te escucho y pongo un poco de orden.

A partir de ahí te diré si te puedo ayudar o no. Seré muy sincero con esto. Y de la misma forma, si hablamos y no te sientes cómodo o ves que no encajamos, me lo dices. Y no pasa absolutamente nada, que todos somos personas adultas.

¿Te tomas ese café de 20 minutos? (Háblame por LinkedIn, sin compromisos)